miércoles, mayo 24, 2006

Un hasta pronto.

Necesito descansar. Necesito desconectar un poco del fútbol, y a la vez necesito ver el mundial para volver a ver fútbol y disfrutar. Necesito gastar mi tiempo libre en otras cosas. Necesito estar más con mi familia. Necesito leer más libros y dejar volar la imaginación. Necesito centrarme más en mi trabajo y hacer que la imaginación vuelva. Necesito descansar.

Desde aquella tarde del 31 de diciembre en la que, aburrido cual ostra perlera, creé un blog y me puse a rajar del “Primer Memorial Jesús Gil y Gil” han caído varios meses con una producción de posts casi febril. Empezó casi como una broma, una forma de matar el tiempo escribiendo sin pretender llegar a ninguna parte, pero pronto me metí hasta el cuello.

Siempre me pasa. Empiezo algo y trato por todos los medios de llegar al final. Pero aquí no hay final, por eso necesito hacer un paréntesis, necesito descansar, renovar las fuerzas y, sobre todo, la ilusión. No caer en la monotonía, en el tedio, en la desgana. Que el blog, que Más allá de Orión sea un reto, nunca una carga.

Por todo eso paro aquí. De momento. En el post ciento treinta y tantos. Parecen muchos, sin embargo me da la impresión de haberme dejado tantas cosas en el tintero… No importa demasiado. Las contaré cuando vuelva, porque volveré. Posiblemente a la vuelta del verano, al comienzo de un nuevo año futbolístico.

Queda cierta pena por partir, es indudable, y queda el orgullo de haber compartido con hinchas de todos los equipos, fueran simpáticos o enemigos encarnizados, queda el orgullo de haber sido linkado sin pedirlo en tantas páginas, queda el placer de haber conocido a tanta gente buena y brillante, y queda, claro que sí, la gratitud.

Sólo una cosa pido a todos los que amablemente han linkado este blog en sus páginas. Por favor, no eliminéis el link, porque volveré, os lo prometo, y porque no me gustaría que todos los testimonios dejados en Más allá de Orión en estos cinco meses se perdieran sin más. Al fin y al cabo constituyen un testimonio más de lo ocurrido. De todas formas no será extraño que me sigáis viendo en más de un foro (ahora podré leer con más tranquilidad…) El que quiera contactar conmigo puede escribirme a canadian@mixmail.com.

Y nada más. Sólo una frase del gran Groucho: “Al que llore en mi entierro no le vuelvo a invitar”.

Hasta pronto, amigos.

Victor Hegelman.

martes, mayo 23, 2006

Elástico sentimiento.

El sentimiento atlético. Se habla de él como si fuese algo infinito, algo elástico de lo que que se puede tirar sin miedo a romper pues es infinito, una especie de balancín al que se puede golpear con saña y da lo mismo, ya que siempre se levanta. Algo inmortal, en definitiva.

Pero no. Siempre hay un límite, incluso para las cosas que moran en lo más profundo del corazón.

Carlos Fuentes en Eurosport ha dado una vez más en la diana con su artículo titulado "Estamos hartos". Es imposible definir con más acierto lo que sienten hoy la inmensa mayoría de los atléticos. Traigo aquí las palabras que más me han impactado, las situadas justo en el cierre de su brillante monólogo:

"Llegado este momento del año, desde hace varias temporadas uno se plantea si renovar su abono. Y aún le resulta increíble la sola idea de pensar en no renovar ese carné que sus padres le regalaron cuando era un niño y vivía deseando ir los domingos al fútbol a ver al rey de la furia española. Pero es así. Lo han conseguido. Yo, que pensaba que de esto era imposible quitarse, ahora me lo planteo. Y lo único que me impulsa a seguir es la historia, la gente de la grada, el número de un abono que me regalaron mis padres y todo lo que representa. Naturalmente, ni el equipo, ni su juego, ni sus logros recientes y muchísimo menos sus dirigentes y sus intereses inmobiliarios. Y uno se sorprende cuando ve que renovará su abono sin la ilusión de antes sino con rabia, con impotencia, y casi por estar al lado del enfermo durante sus últimas horas. Increíble que hayamos llegado a esta situación. Pero lo más increíble es que llevo pensando así varios años y cada año empeora. ¿Despertaremos algún día de este coma?".

Sí señor.

Victor Hegelman.

lunes, mayo 22, 2006

Tristes presentimientos de lo que ha de acontecer.

En el pasado mes de febrero la Plataforma Salvemos el Calderón lanzaba en un comunicado de prensa una serie de preguntas a los máximos accionistas del Club Atlético de Madrid. Conozco de primera mano el esfuerzo que tuvo que realizar el citado grupo de atléticos para sintetizar en una página una montaña de dudas sobre la “presunta” operación de desalojo del estadio colchonero.

Una de las cuestiones redundaba sobre la oscuridad en la que se mueve el aficionado colchonero sobre este asunto. Rezaba así:

“¿Por qué los máximos accionistas del Club Atlético de Madrid S.A.D. niegan la voz a la totalidad de los abonados atléticos en esta relevante decisión llamada a determinar el devenir de la entidad rojiblanca, negándole la posibilidad de expresar su posicionamiento acerca de la conveniencia o no de la venta del estadio Vicente Calderón en un más que pertinente referéndum?”

Sin respuesta, ni aquí ni en ningún punto. A día de hoy ninguna de las incógnitas presentadas en aquel documento han sido resueltas al aficionado colchonero. Todo lo contrario. Las tinieblas, la nebulosa, el lodo, el fango, no sólo no desaparecen sino que cubren todo. Y la verdad, casi da miedo esperar a que se aclare el panorama, pues la realidad, tétrica realidad atlética, amenaza con superar los más oscuros presagios. Y es que las calamidades, no por ser esperadas, son menos calamidades.

Llevábamos un tiempo sin mayores noticias sobre el estadio, nuestro estadio, un aparente compás de espera esperando no sé qué. Y llegamos a hoy, el día en el que se empieza a levantar la alfombra dejando ver las múltiples porquerías acumuladas. El As descubre ufano en la mañana que Gallardón “acepta ceder al club rojiblanco la propiedad de La Peineta con tal de que se vaya a jugar allí”. La noticia no tiene pinta de ser un bulo. Es lo que tiene la propaganda. Cuando quiere desviar, desvía, y cuando se le ordena informar, informa.

Y en efecto, la nueva es real y es confirmada por Cerezo en pocas horas. Sostiene el empresario del cine: "Efectivamente estamos en conversaciones con el Ayuntamiento para presentar nuestro proyecto, que implica el cambio de estadio y nosotros creemos que, si el estadio olímpico (La Peineta) es como tiene que ser y como va a ser, será un buen estadio, con gran capacidad y con una situación prácticamente inmejorable dentro de la Comunidad de Madrid", añadiendo que “el estadio Vicente Calderón realmente está muy mal ubicado y, por las circunstancias de todo el problema de la M-30, no es fácil estar allí”, esperando que el acuerdo se cierre “antes de agosto”.

Alucinante no es. Las situaciones alucinantes se caracterizan por el factor sorpresa, y aquí hay más bien poco. Esto es deplorable y vergonzante, ni más ni menos dentro de la línea de gestión habitual del club.

Porque deplorable es (o al menos me parece) ver cómo se ningunea y se prescinde de la opinión de los abonados y aficionados colchoneros en un asunto tan importante como es la propia casa. ¿Para qué reparten ustedes acciones entre los abonados si su voz y su voto se la pasan por el mismísimo forro? Y todo ello con la mirada complacida y cómplice del Alcalde de los madrileños, no lo olvidemos.

Caen las cortinas de humo: Campamento, fichajes… Ya no hay tiempo para la distracción. Hay que cerrar el acuerdo. Es bueno. Porque resulta que ahora el Calderón está mal situado y la Peineta bien. Acojonante. Porque es un estadio de setenta mil plazas para una afición que no llena cincuenta y cinco mil porque está hasta las pelotas. Porque hay que sanear la “deuda histórica”. ¿Qué parte de esa deuda histórica es anterior a 1.987, el año de su irrupción? Más histórico es el Calderón que su deuda y ya vemos lo que les importa.

Y sobre todo, hay que cerrar el acuerdo de la Peineta ya porque no se contempla que opinen los abonados, esos pobres desgraciados. Si ha funcionado la política de hechos consumados durante diecinueve años, ¿porqué cambiar?

Algunos me dirán que ya veré, que es buena la venta del Calderón, que con el dinero que se reciba el club se va a convertir (volver a convertir, añado yo) en un grande… No me preocupa el dinero, me preocupan las manos.

Victor Hegelman.

domingo, mayo 21, 2006

Un año.

Un año.

Un año. El compromiso de Aguirre con el Club Atlético de Madrid finalmente se extenderá únicamente durante una temporada, y después ya se verá. Comentan que la sociedad del Manzanares ofrecía dos, pero que fue el mexicano quien impuso que su relación abarcase tan sólo durante un ejercicio.

Se rompe de esta forma la tendencia atlética de los últimos tiempos consistente en extender los contratos con los entrenadores por dos temporadas, tratando de dar una impresión de estabilidad y confianza en el proyecto. Y es que aquí, en jaula de grillos actual que es el Atlético de Madrid, las urgencias pesan mucho más que las paciencias. Como digo, la firma por dos años de Ferrando y Bianchi no fueron más que huidas hacia delante del club, apuesta a doble o nada de un “gambler” perdedor con muchas malas noches a sus espaldas, la esperanza del jugador de casino chapucero y atolondrado que, sin un plan preestablecido, ha ido dilapidando sus fichas ante una ruleta europea que acaba siendo rusa, y en la cual el éxito requiere, además de suerte, método, prudencia e inteligencia. Y de eso los mandamases del Manzanares, poco poquito. Apostaron la miseria que les quedaba sobre el tapete a rojo… y, como no, el color fue negro. ¿A quién le extraña?

Ahora han venido nuevamente con las promesas de seriedad y estabilidad a un nuevo candidato al banquillo, pero el Vasco Aguirre es listo y sobre todo ambicioso. Apuesta por sí mismo, sabe que su carrera está despegando y no quiere compromisos largos, y mucho menos con un club histérico. Hubiera sido seguro más fácil hacer como sus predecesores, es decir, trabajar unos meses y cobrar dos temporadas. Pero no. Confía en sí mismo y espera enderezar la nave en un año, si bien recela de un entorno en el que son ya muchos los caídos. Un año está bien, es suficiente para saber si esto marcha, y si no, puerta, nuevos aires.

En el Calderón un año es un universo temporal en el que cabe de todo. Pasado ese año, ese único año, las dos partes verán si interesa seguir.

Un año me parece bien. Nadie engaña a nadie. De momento.

Victor Hegelman.

jueves, mayo 18, 2006

Una idea para los filiales.

Hay una idea que me ronda por la cabeza desde hace bastante tiempo. Supongo que no tiene mucho sentido, que tiene más pegas que las que yo le veo. De todas formas me gustaría compartirla desde este blog.

Sigo desde siempre con atención la evolución de los equipos filiales y la verdad, me da algo de pena los tristes o nulos objetivos de su existencia como entes independientes. Su posible ascensión está siempre condicionada por la actuación del equipo matriz, hasta el punto que si este baja el filial baja aunque haya quedado campeón en su categoría. Antes jugaban al menos la Copa y muchos recordamos con simpatía a aquel Castilla que llegó a la final en año ochenta. Un auténtico equipazo. En la actualidad, como equipo, la carrera de estos onces es a ninguna parte. Todo lo más a no perder la categoría mientras sus jugadores miran arriba esperando un guiño el mister del primer equipo. Ahora han perdido hasta sus normes originales sustituyéndolo por el nombre del “equipo A” acompañado de un “B” que reitera su casi nula importancia. La recuperación del nombre “Castilla” en el filial blanco me parece cuando menos plausible.

¿Cuál es mi idea? Yo creo que podría ser interesante sacar a los filiales de las categorías inferiores el fútbol español y crear un campeonato para ellos. Siempre va a ser más interesante un Madrid-Barça aunque sea de canterazos que un Madrid B-Lorca o un Barça B-Mataró. Al menos eso creo yo. Ese interés seguramente llevaría más gente a los estadios e incluso llegaría a interesar a las televisiones.

Y no creo que la formación de los jugadores se viese perjudicada. Más bien todo lo contrario, pues les das el aliciente de ganar, de conseguir un título, cosa que en la situación actual no pueden.

Yo sería partidario de poner varias reglas, como limitar la edad de los jugadores a 25 años, así como limitar el número de extranjeros con respecto al primer equipo. Los filiales continuarían siendo los viveros del primer equipo, prestos a reforzarlo en cualquier momento de la temporada. Pero insisto, nacería el interés de ganar, no sólo un título como es la Liga, sino dos, pues al finalizar la misma se jugaría la Copa a partido único por sorteo, los miércoles y los domingos, quedando liquidada la competición desde treintaidosavos de final en tres semanas.

Se me ocurre que para no haber agobios de calendario la Primera contaría con dieciséis equipos. De acuerdo con la división y posición que ocupan a día de hoy (mañana puede ser algo diferente) la Primera la formarían los siguientes equipos:

Real Madrid, Málaga, Atlético de Madrid, Celta, Real Sociedad, Athletic, Racing, Valladolid, Alavés, Levante, Barcelona, Osasuna, Zaragoza, Sevilla, Español y Villareal.

Descienden los dos últimos y promocionan cuatro, para que nadie se duerma.

La segunda podría contar con dos grupos de catorce equipos.

Grupo Norte, o A, o como queráis: Deportivo, Sporting, Eibar, Salamanca, Orense, Castilla, Numancia, Getafe, Barcelona Aficionado, Atlético Aviación, Leganés, Valencia, Castellón y Mallorca.

Grupo Sur o B: Almería, Betis, Jerez, Tenerife, Las Palmas, Murcia, Ciudad de Murcia, Alicante, Cádiz, Córdoba, Universidad de Las Palmas, Extremadura, Melilla y Albacete.

Sube el primero de cada grupo y promocionan segundo y tercero contra los cuatro “condenados” de Primera.

Los he sacado a vuela pluma, que nadie se mosquee si no ve a su filial, que lo que hay que coger es la idea.

Pues nada, es un asunto que me viene dando vueltas a la cabeza hace tiempo y quería compartirlo. A mí me gustaría este formato para los filiales. Agradecería que opinaseis sobre esta idea, tanto para bien como para mal. Gracias.

Victor Hegelman.

miércoles, mayo 17, 2006

La soledad del K.O.


Al final se jodió el partido. Mucho tiempo aguantó el Arsenal, mi Arsenal, la victoria con diez jugadores. Pudo y debió matar el choque en la segunda mitad, pero no lo hizo y lo pagó caro. Muy grande es este Barça como para tenerle enfrente y tomarte un respiro.

La historia demuestra a los gunners que las segundas oportunidades acaban llegando, que las revanchas históricas se producen... pero tarde, normalmente cuando ya no se esperan. Ningún hincha del Arsenal esperaba llegar este año a la final de la Champions. El equipo está en decadencia y el club apretándose el cinturón con la construcción del nuevo estadio. Sin embargo, fue precisamente este año cuando llegó el gran momento. Volverá a llegar otro algún día. Espero poder verlo.

Era curioso. He oído en España hoy más ánimos al Arsenal que en toda mi vida. La victoria (o mejor la derrota del rival) me hubiera rodeado de sonrisas oportunistas y parabienes ocasionales. La derrota me deja igual de solo que antes.


Victor Hegelman.

martes, mayo 16, 2006

Sin comentarios.


Esta es la foto de portada de As.com tras la derrota del Madrid en Sevilla. Sin límites. Sin comentarios.

Inoportunas fotos.

Contaban esta tarde en Onda Madrid que el linier, noruego de nacionalidad, que intentará impartir justicia en la final de París ha sido fotografiado con la camiseta del Barcelona. ¿Se hará eco el Sport de la noticia o guardará un “respetuoso” silencio? ¿O la comentará en tono de guasa restando importancia al hecho? Me inclino por la segunda o la tercera opción.

Cómo cambian las cosas, ¿no? Recuerdo hace años, ante una semifinal de Champions Madrid-Barça el lío que se montó con el trencilla del “match”, el singular Collina. Resultaba entonces que el árbitro superstar rodó un anuncio meses antes con algunos cracks blancos y se tomaron fotos en las que se veía al italiano departir sonrisa en boca con ellos. La prensa de la Ciudad Condal casi pidió la suspensión del colegiado. Cada uno interpreta según el color de sus pares de gafas.

Pero la historia del fútbol ofrece anécdotas más extremas. Una de las mejores que conozco con respecto a “jueces de campo dudosos” la protagoniza un linier habitual en la asistencia al afortunadamente retirado López Nieto. Aquel señor del banderín proclamaba a los cuatro vientos y sin rubor su madridismo, y, entre otros comportamientos visibles, algunos le recuerdan a la finalización de un partido en Chamartín corriendo cual colegiala detrás de Míchel a pedirle un autógrafo. Otro día, en una plácida victoria local blanca, algún bestia en la grada le lanzó un objeto contundente impactando entre su cuello y oreja. El linier abandonó el campo entre sollozos declarando: “… que me pase esto a mí, en mi propio estadio…”

En fin, que reine la deportividad, aunque sea de casualidad.

Victor Hegelman.